lunes, 27 de agosto de 2012

Domingo y Lunes: Segunda parte de la escapada

Nos despertamos en aquel antro, abrimos la puerta, y como diría el Arbi: ¡bien de rezume! Así que decidimos escapar de ese olor poniendo rumbo a Taupo, a una hora y media desde Rotorua. Antes de salir del albergue, el forofo-pintor-borrachín nos recordó que habían ganado 22-0 a los aussies (Australia). La fiebre de este país por sus All Blacks es de otro mundo, creo que ni en España con los últimos títulos en fútbol llegamos a ese nivel de euforia colectiva.

Guada cual Gollum por el monte
Una vez en Taupo, parada obligada en el I-SITE, en el que nos informamos bien de todo lo que podíamos hacer durante el día. El primer sitio que visitamos fueron los Rápidos de Aratiatia, que consisten en una presa hidráulica que abre sus compuertas a una hora determinada, y todo el agua fluye por los rápidos dejando unas vistas alucinantes.


Como quedaba cerca, nos dirigimos a las Huka Falls, una catarata por la que pasan 40 metros cúbicos por segundo (40000 litros para los de letras). Este sitio es sencillamente una pasada, el agua baja con una fuerza brutal, y tú lo ves a escasos metros mientras el violento sonido del agua te va hipnotizando. Es un lugar de los que tienes que ver para imaginártelo, aun así os dejamos alguna fotillo.



Y antes de comer entramos al Craters of the Moon, que nos costó 6 dolares neozelandes. Después de visitarlo nos dimos cuenta que el precio era simbólico. Decenas de cráteres gigantes con fumarolas que alcanzan mucha altura. Desde el mirador del parque daba la sensación de que era una zona recientemente bombardeada en una guerra o algo así, muy chulo la verdad.



Esta vez comimos en el Burger King (como siempre dieta sana, nada de mierdas), y salimos para ver el Lago Taupo, el más grande de Nueva Zelanda. A Guada este dato se la trajo floja, y dijo que el sitio era muy soso y que esperaba algo más impactante.


Ajedrez gigante en un parque de Taupo
Para acabar el día fuimos a unas Hot Waters, ya típicas en nuestras escapadas. La verdad es que hacía mucho frío ese día y el plan como que no apetecía demasiado, pero pudo más el grato recuerdo de la Hot Water Beach y no nos lo pensamos más. El primer valiente en zambullirse fue Guada, que dio el visto bueno con su ya característico “Esto es la hostia chavales”. Cuando Guada usa esa frase es como si la dijese uno mismo, así que el Arbi y yo nos metimos sin más dilación.




Que placer estar allí tumbados en un caldo de agua mientras fuera hacía un frío que pelaba, de las mejores sensaciones que uno puede tener. Ahí nos quedamos dos horitas al baño María, mientras se escuchaba la música de unos chicos de la zona que pasaban allí la tarde (con cervezas y todo, se lo montan bien estos kiwis).



El día había llegado a su fin, un día muy completo que acabamos en un albergue de National Park. Decidimos pasar allí la noche para salir la mañana siguiente a hacer un tracking en el Tongariro National Park, pero el Lunes nos levantamos, abrimos la ventana y vimos lo que nadie quería ver aquella mañana: lluvia intensa, fuerte viento y una niebla de película con la que no podías ver a más de 20 metros. Hicimos una intentona de comenzar la ruta, pero con el tiempo que hacía era imposible.

Como veis, el tiempo no acompañaba
Nos quedábamos sin ver el Monte Ruapehu y el Monte Ngaruruhoe (Monte del Destino de Mordor), quien sabe si en un futuro podremos resarcirnos. Nos quedamos tocadillos la verdad, pero no quedaba otra que restructurar el día, nos ayudó un señor majísimo que hablaba un perfecto castellano pues había vivido 20 años en las Islas Canarias, que nos recomendó ir a las Waitomo Caves a ver los glow-worms, algo que no teníamos en nuestra ruta y que la gente que ha ido habla muy bien de ello, así que para allá que fuimos.


Las Waitomo Caves son como las cuevas que tenemos en España, llenas de estalactitas, estalagmitas y columnas, pero tienen una peculiaridad, los glow-worms, que son unos gusanos que se amontonan en el techo de las cuevas y brillan con una luz azul muy intensa que atrae a insectos hacia sus redes para capturarlos. En la visita pasas con una barca por sitios oscuros en los que solamente brillan los gusanos, es algo mágico el mirar hacia arriba en el mayor absoluto silencio y contemplar esas luces que parecen una noche estrellada, te quedas embobado y se te pasa el tiempo volando, pero sin duda merece la pena.





Algunos glow-worms

Y como en Nueva Zelanda todo cierra prontísimo y no había nada más que hacer en esa zona, hicimos las 3 horas de camino hasta Auckland, haciendo una parada para ver una puesta de sol que el Arbi y su cámara no podían dejar escapar.


1 comentario:

  1. Chicos! Ya veo que os lo estais pasando genial! Jo! Q sitios mas bonitos!
    Ya os queda poquito así que disfrutar mucho! Y seguir con esos baños que tienen pinta de ser la leche!

    ResponderEliminar