viernes, 31 de agosto de 2012

Última semana en Auckland

Pues sí, parece que no iba a llegar pero ya es hora de despedirnos de esta ciudad. No obstante, nuestra aventura neozelandesa no ha llegado ni mucho menos a su fin. Pero antes de hablar de los próximos planes, voy a contaros cómo hemos vivido estos últimos días.

Martes 28 de Agosto

Como cualquier otro martes, toca la resaca de la escapada del fin de semana: kilos de ropa sucia a la lavadora, una durísima vuelta a las clases y vuelta comer medio sano. Quedamos con Izaskun a las 18.00 para tomar unas cervezas en el Eagle (aprovechando la "happy hour") e intercambiamos historietas acerca del finde (Fernando está en Sydney y Melissa no pudo quedar a esa hora). Lástima que ya nos vamos, porque molaba bastante quedar todos los martes a las 6 en este barcillo, rollo Friends o How I Met Your Mother. El día no dio más de sí.


Miércoles 29 de Agosto

Hoy decidimos visitar una de las pocas cosas que nos quedan de Auckland: One Tree Hill. Para ello, nos  reunimos un grupo muy variopinto: por parte de Arbi, un japo de su clase que se llama Ibuki al que invitamos a probar nuestra hiper mejorada receta de pasta a la carbonara (como ya vamos a sobras, hicimos un mix de tallarines con espaguetis). Aquí su cara de felicidad:


A las 14.45 quedamos con Melissa, que sería la que nos indicara el camino a One Tree Hill (decía que sabía dónde estaba, pero su mala memoria la traicionó y al final fue Ibuki quien nos llevó allí). La subida a One Tree Hill fue realmente sorprendente, pues pudimos caminar entre corderillos en libertad y, aunque parezca una tontería, es algo que mola bastante.


Casi cuando alcanzamos la cima vemos lo que hacía unas semanas había sido una declaración de amor en uno de los prados (fuente: Melissa), que ya había sido convenientemente alterada como suele pasar en estos casos.


Y ya en la cima, nos reunimos con Adrián, al que conozco porque tenemos un amigo en común y daba la casualidad de que los dos estamos viviendo en Auckland al mismo tiempo. A su vez, Adrián llevó a un colega suyo alemán, así que así acabamos reunidos todos en la cima de One Tree Hill.





Y para acabar la tarde, decidimos que estaría bien cenar unas pizzas con sobras de la nevera mientras tomábamos unas cervezas, así que invitamos a Adrián al plan y estuvimos  los 5 un buen ratillo de charloteo.

Jueves 30 de Agosto.

Clases, más sobras y búsqueda de souvenirs. Algunos (véase, Arbi) comenzaron a hacer la maleta. Otros preferíamos ignorar esa parte de nuestro destino que pronto deberíamos asumir. Comenzamos a planear más detenidamente cómo organizaríamos nuestra ida al aeropuerto y el resto de la semana que nos quedaba en Nueva Zelanda.

Viernes 31 de Agosto

Día de despedidas. Iván y yo conseguimos una foto con la japo centeria, quien cree que yo soy superman y con quien tenemos pactada la apertura de una start-up de telecomunicaciones en japón (nos ha prometido que contratará chicas guapas para la promoción de la empresa allí).


Nos ponemos manos a la obra con las maletas, que muy amablemente nos deja Izaskun guardar en su casa hasta que tengamos que llevarlas de vuelta a España (para volar al sur sólo facturamos un maletón grande para todos). Y a las 18.00 nos reunimos con Dominique, un suizo viajero  que  lleva un año recorriendo mundo y que ha acabado en nuestra clase de inglés de Auckland, con el que hemos hablado bastante esta semana. Nos vamos a la Playhouse, sitio de fiestas oficial de nuestra escuela, y comenzamos a hablar con la gente: Arbi y yo nos entrentenemos con las turcas y un par de koreanas loquisima y Dominique e Ivan entablan conversación con nuestro profesor. Antes de marcharnos, tomamos unas fotos para recordarlo.

Fingiendo seriedad

Con una turca y una de  las koreanas locas
Y tras un Wendy's con el suizo y una interesante charla (el tío es todo un aventurero), volvemos a nuestro piso a descansar unas horillas antes del vuelo.

A las 6.10 tendremos que estar volando dirección a Christchuch, y el próximo jueves estaremos de  vuelta desde Queenstown. Hasta entonces, no prometemos actualizaciones muy a menudo, aunque lo intentaremos. Pero nos queda una semana de visitar la isla más salvaje y variopinta del país, así que tened por seguro que volveremos con las pilas cargadas.

¡Nos leemos en poco tiempo!

lunes, 27 de agosto de 2012

Domingo y Lunes: Segunda parte de la escapada

Nos despertamos en aquel antro, abrimos la puerta, y como diría el Arbi: ¡bien de rezume! Así que decidimos escapar de ese olor poniendo rumbo a Taupo, a una hora y media desde Rotorua. Antes de salir del albergue, el forofo-pintor-borrachín nos recordó que habían ganado 22-0 a los aussies (Australia). La fiebre de este país por sus All Blacks es de otro mundo, creo que ni en España con los últimos títulos en fútbol llegamos a ese nivel de euforia colectiva.

Guada cual Gollum por el monte
Una vez en Taupo, parada obligada en el I-SITE, en el que nos informamos bien de todo lo que podíamos hacer durante el día. El primer sitio que visitamos fueron los Rápidos de Aratiatia, que consisten en una presa hidráulica que abre sus compuertas a una hora determinada, y todo el agua fluye por los rápidos dejando unas vistas alucinantes.


Como quedaba cerca, nos dirigimos a las Huka Falls, una catarata por la que pasan 40 metros cúbicos por segundo (40000 litros para los de letras). Este sitio es sencillamente una pasada, el agua baja con una fuerza brutal, y tú lo ves a escasos metros mientras el violento sonido del agua te va hipnotizando. Es un lugar de los que tienes que ver para imaginártelo, aun así os dejamos alguna fotillo.



Y antes de comer entramos al Craters of the Moon, que nos costó 6 dolares neozelandes. Después de visitarlo nos dimos cuenta que el precio era simbólico. Decenas de cráteres gigantes con fumarolas que alcanzan mucha altura. Desde el mirador del parque daba la sensación de que era una zona recientemente bombardeada en una guerra o algo así, muy chulo la verdad.



Esta vez comimos en el Burger King (como siempre dieta sana, nada de mierdas), y salimos para ver el Lago Taupo, el más grande de Nueva Zelanda. A Guada este dato se la trajo floja, y dijo que el sitio era muy soso y que esperaba algo más impactante.


Ajedrez gigante en un parque de Taupo
Para acabar el día fuimos a unas Hot Waters, ya típicas en nuestras escapadas. La verdad es que hacía mucho frío ese día y el plan como que no apetecía demasiado, pero pudo más el grato recuerdo de la Hot Water Beach y no nos lo pensamos más. El primer valiente en zambullirse fue Guada, que dio el visto bueno con su ya característico “Esto es la hostia chavales”. Cuando Guada usa esa frase es como si la dijese uno mismo, así que el Arbi y yo nos metimos sin más dilación.




Que placer estar allí tumbados en un caldo de agua mientras fuera hacía un frío que pelaba, de las mejores sensaciones que uno puede tener. Ahí nos quedamos dos horitas al baño María, mientras se escuchaba la música de unos chicos de la zona que pasaban allí la tarde (con cervezas y todo, se lo montan bien estos kiwis).



El día había llegado a su fin, un día muy completo que acabamos en un albergue de National Park. Decidimos pasar allí la noche para salir la mañana siguiente a hacer un tracking en el Tongariro National Park, pero el Lunes nos levantamos, abrimos la ventana y vimos lo que nadie quería ver aquella mañana: lluvia intensa, fuerte viento y una niebla de película con la que no podías ver a más de 20 metros. Hicimos una intentona de comenzar la ruta, pero con el tiempo que hacía era imposible.

Como veis, el tiempo no acompañaba
Nos quedábamos sin ver el Monte Ruapehu y el Monte Ngaruruhoe (Monte del Destino de Mordor), quien sabe si en un futuro podremos resarcirnos. Nos quedamos tocadillos la verdad, pero no quedaba otra que restructurar el día, nos ayudó un señor majísimo que hablaba un perfecto castellano pues había vivido 20 años en las Islas Canarias, que nos recomendó ir a las Waitomo Caves a ver los glow-worms, algo que no teníamos en nuestra ruta y que la gente que ha ido habla muy bien de ello, así que para allá que fuimos.


Las Waitomo Caves son como las cuevas que tenemos en España, llenas de estalactitas, estalagmitas y columnas, pero tienen una peculiaridad, los glow-worms, que son unos gusanos que se amontonan en el techo de las cuevas y brillan con una luz azul muy intensa que atrae a insectos hacia sus redes para capturarlos. En la visita pasas con una barca por sitios oscuros en los que solamente brillan los gusanos, es algo mágico el mirar hacia arriba en el mayor absoluto silencio y contemplar esas luces que parecen una noche estrellada, te quedas embobado y se te pasa el tiempo volando, pero sin duda merece la pena.





Algunos glow-worms

Y como en Nueva Zelanda todo cierra prontísimo y no había nada más que hacer en esa zona, hicimos las 3 horas de camino hasta Auckland, haciendo una parada para ver una puesta de sol que el Arbi y su cámara no podían dejar escapar.


sábado, 25 de agosto de 2012

Hobitton, Rotorua & "Rezume"

Pues la cosa empieza temprano…muy temprano!! A las 5 y 30 de la mañana para ser exactos. La idea era salir cuanto antes para aprovechar el día, y así lo hicimos, bien de bien.

El hecho de que este día me toque contarlo a mi y no a otro, es porque hice mi primer control de alcoholemia en el extranjero, con resultado negativo, claro esta… El control en si fue a la salida a la autopista y bastante rápido la verdad, solo tenia que respirar a algo parecido a un taxer (aunque yo sople xD) y en cuestión de segundos estaba listo.

El viaje era dirección Matamata, donde cerca, se encuentra el lugar donde se rodaron las escenas de la “Comarca” de la película del Señor de los Anillos y del Hobbit (que se estrenará en pocos meses).

Aqui con algo que se parecia a Gollum
Aqui el buen Gollum (el parecido es mas que razonable) xD
El precio del tour, el cual incluye aparte de la visita guiada y un autobús que te acerca desde la localidad arriba mencionada, es de 66NZD (45 €). En mi opinión, y que conste que es mi opinión, el precio es abusivo, pero entiendo que será porque se encuentra en la propiedad de un terrateniente y este tendrá ganas de sacar pelas. Porque lo que fue el lugar y la guía la verdad es que merece la pena ir a verlo y desembolsarse el precio. Recomendable 100%. 

Guada enfrente de una pequeña morada de Hobbiton
Hobbiton
El arbol de las fiestas 
Los tres supervivientes en Bolson Cerrado
El  hobbit verdadero 
Después de recordar escenas de la película e imaginar escenas de la próxima, comimos cerca de las ovejitas del granjero y nos pusimos dirección a Rotorua.

Se nos puso de parto una oveja :)
Mas ovejaaaas
Aiiii Rotorua… que olores mas característicos me trae esa ciudad, señalo lo de característicos porque en esta ciudad se encuentra el “rezume”. Si querido lector, rezume y se preguntara usted: ¿qué es eso del “rezume”?, bueno, yo lo intentare explicar como buenamente pueda:

“Rezume” dícese de ese olor que llega de repente, te llena la boca y sientes como en cuestión de instantes se te cruza la cara al inhalar una mezcla de huevos podridos, mierda y monchitos (si, si monchitos). Lo bueno o malo del rezume es que tal y como viene se va, y cuando piensas que ya ha pasado, te vuelve a llenar la boca y te vuelven a entrar ganas de echar el “choped” de la comida.

En fin, dejando a un lado lo del “rezume” (pero vosotros pensar que en esta ciudad fue una constante para nosotros), según llegamos (y como hacemos en todos los lugares que visitamos en NZ) fuimos directos al i-SITE, donde trabajaba la tía mas gilipollas de todos los que hemos visitado hasta ahora. Fue incapaz de recomendarnos un lugar donde ver los cráteres de formación volcánica tan característicos de esta ciudad, y tuvimos que tirar de la “guía”, es decir, de nuestra buena guía humana Iván acompañado de su fiel escudero la Lonely Planet, la cual lee el señor Guadamillas. Finalmente la "guía" decidió ir a Whakarewarewa, un pequeño poblado, donde después de pagar 30 DNZ, darte una pegatina (que te la pones to orgulloso en el pecho) y un mapa (con una escala bastante peculiar) te dejan entrar y ver estos lagos/cráteres volcánicos e incluso un geiser. 

Arriba el nombre en inglés, abajo en maorí... OjO
Laguito
Laguito & rezume
También cabe recalcar que hay una guía, muy seria ella, que nada mas empezar te enseña a pronunciar el nombre de la ciudad en maorí, pero que después solo te enseña el nombre de las plantas. Lo que se convirtió en algo muy aburrido además de muy difícil de entender, por lo que seguimos nuestra visita al poblado por nuestra cuenta.

El infierno 
Acompañados de nuestro amigo el geisser
Cuando dimos por terminada dicha visita, nos dirigimos al lago del cual salimos corriendo por el fuerte rezume que había allí y de una bandada de gaviotas locas que nos miraban de forma rara. 

Se ve claramente la cara de satisfaccion de Iván
Después de escapar del lago, fuimos al lugar donde habíamos reservado: Jack Cactus. Donde nos atendió un hombre majo y nos enseño nuestras habitaciones que la verdad, dejaban mucho que desear… El sitio en si estaba chulo, por la recreación del oeste que tenia, con las paredes pintadas, etc, pero nuestra habitación al menos, y las sabanas, dejaban que desear. Fue aquí, donde conocimos a el forofo-pintor-borrachín de los all-blacks (el mas que querido equipo de rugby del país) del cual solo pudimos hablar de rugby y de cuya boca salieron un par de “fucks” graciosos.

El albergue
Nosotros a no poder ver el partido de rugby en el albergue decidimos dar una vuelta por la zona, donde descubrimos que el rugby en NZ es aun peor que el futbol en España, y no había ni un alma en la calle.

Despues de dar unas vueltas como pollo sin cabeza por la ciudad (acompañados del rico rezume) hicimos algo de hambre (aun no se como) y decidimos cenar. Acabamos donde siempre, en el KFC, debido a nuestro intento frustrado (de Iván y mio) de ir al Wendys, ya que sabíamos como ir, pero las incesantes risitas de Guada nos hacían pronosticar nuestro futuro inmediato.

Finalmente y después de dar buena cuenta de la cena, volvimos a el albergue para descansar y coger con fuerzas el domingo.

viernes, 24 de agosto de 2012

Autoconvencimiento

Madrugamos un día más para seguir la rutina, pero esta vez de forma parcial: teníamos planeada una tarde no sabíamos muy bien adónde. Las clases, tediosas como de costumbre. Por suerte, la japo centenaria las alegra con sus historietas (ese día tocó el relato de su primer amor, allá por el siglo XIX, quizás algún día recopilemos todas sus historietas, que merecen basante la pena). A lo largo de la mañana nos debatíamos cuál sería el plan de la tarde: ¿Hobbiton, o las recién descubiertas playas de Piha y Karekare? Pues la decisión fue variando poco a poco: en primer lugar, yo quería ir a Hobbiton, Iván no estaba seguro y Arbi no quería. Más tarde, yo no quería, pero Iván y Arbi sí. Al final, nos autoconvencimos los tres de ir, pero lo pasaríamos al día siguiente tras pasar una noche cerca de la zona y así aprovechar esta tarde para ver las playas. Así fue como salíamos hacia las 3 de la tarde rumbo a Piha. Y menudo acierto.


Lo que más nos asombró fue el enorme peñón que hay en medio de la cala. No habíamos visto cosa igual, y nada más vislumbrarlo quisimos subir a la cima. Y no tardamos en poner el plan en marcha. Lástima que el acceso a la cima estaba cerrado por peligro de desprendimientos, pero aun así pudimos disfrutar de unas vistas magníficas. Como anécdota, me entraron ganas de miccionar (hablemos con propiedad) en aquel momento y, como buenos españoles que somos, culo veo culo quiero, así que los tres hicimos nuestras necesidades ahí arriba. Más tarde nos enteramos que era una zona sagrada para los maorís (ya decíamos que eran sospechosas las figuras que había por la zona).




Y se acercaba el atardecer, lo que implicaba que nos quedábamos sin tiempo para ver la playa de Karekare, cosa que no nos queríamos perder por ser la playa donde se rodaron escenas de la película ‘El piano’ (nos la hemos apuntado para ver). Así pues, iniciamos nuestra carrera contrarreloj por las tortuosas carreteras de la zona. Cuando llegamos al punto señalado por el GPS, vemos que nos ha dirigido a un riachuelo, así que decidimos pasar de largo y buscar la costa. Menos mal que al rato de no encontrar la costa nos dio por leer la guía que llevamos (Lonely Planet, amablemente prestada por Izaskun) y vimos que había que seguir el riachuelo para llegar al mar. Lo bueno de nuestro error fue que vimos una catarata increíble por la zona.


Y, de vuelta al riachuelo, nos entró el pánico: el sol estaba demasiado bajo ya. Nos pusimos las chanclas precipitadamente y salimos disparados riachuelo abajo, a ratos corriendo y después andado. Veíamos cómo el sol se nos escapaba, pero ese momento nos dejó escenas como esta:


Y al final, aunque no vimos el atardecer en su plenitud, conseguimos ver ponerse los últimos rayos de sol, de una manera que nunca habíamos visto. Personalmente, creo que ese será uno de los momentos que se me quedará grabado a fuego para el resto de mi vida. Os dejo unas pocas fotos para que os hagáis una idea.




Pues bien, tal fue nuestro embobamento con el lugar que no nos dimos cuenta de que estaba anocheciendo, y no había iluminación en el camino de vuelta al coche. Tengo que nombrar a un simpático surfero, que tras acabar su jornada y ver que nosotros no nos íbamos de la playa, empezó a gritarnos para que nos fuéramos rápido de allí. Si no hubiera sido por él, puede que todavía estuviéramos tratando de llegar al coche.


Y tras estas dos maravillas, era hora de poner rumbo a algún pueblo cercano a Hobbiton. El problema: era demasiado tarde (en torno a las 7), las recepciones de los albergues solían cerrar a las 8 y teníamos más de una hora de trayecto. La primera idea que tuvimos fue la de dormir en el coche – al fin y al cabo, hemos venido a sobrevivir - . Sin embargo, empezó nuestra segunda ración de autoconvencimiento del día: pasamos de ver una pérdida de tiempo el pasar la noche en Auckland a pensar que era la mejor idea que habíamos tenido nunca en cuestión de segundos. Y así fue como pusimos rumbo a casa de nuevo (estábamos a 40 minutos) para dar un buen madrugón al día siguiente.

Pero el día no había acabado, y aprovechando que teníamos coche a Iván se le ocurrió la genial idea de subir al monte Edén con el mismo. Así fue como conseguimos estas panorámicas nocturnas de la ciudad.



Y ya sólo nos quedaba aparcar el coche. No hay un metro cuadrado en esta ciudad sin parquímetro, y dado a que teníamos miedo del tío de la grúa (aunque hemos tenido bastante cachondeo con él esta semana), decidimos meterlo en el parking de nuestro apartamento. Y así cerrábamos una tarde del todo inesperada y para nada acorde con nuestros planes iniciales, pero que ha conseguido ser una de las imborrables en mi vida.

P.D.: Conseguí que volviéramos a comer en el KFC :)