lunes, 20 de agosto de 2012

Esto está más hottest que la hostia!!

Este lunes comenzó como los dos días anteriores de escapadas: madrugón, carretera y manta. El destino esta vez era la Península de Coromandel, al Sureste de Auckland, unas tres horitas de viaje que dieron para mucho.

A mitad del camino, el piloto titular cedió su asiento al piloto reserva (servidor), y de repente ahí estaba, conduciendo por la izquierda un cochecillo japonés, con el volante a la derecha y el cambio a la izquierda. Poco a poco le fui cogiendo el truco por esas curvas vertiginosas que hay en este país. Hicimos la primera parada en el camino. ¡Que sitio tan chulo! El Arbi desenfunda su cámara para liarse a hacer fotos, pero apenas saca una y la cámara se apaga.

- Tranquilos, que tengo la otra bat… ¡MIERDA!

Así es, la batería de repuesto se quedó cargando en casa, tocaba tirar de los móviles para inmortalizar el momento.

Esta es la única foto de la Reflex del Arbi en Coromandel


Y así llegamos al destino, la Hot Water Beach, una playa que cuando baja la marea, si haces un hoyo en la arena, el agua de dentro está a 64°C, y te das un bañito que apetece bastante en pleno invierno neozelandés. La teoría estaba clara, así que alquilamos una pala y nos pusimos a cavar donde pillamos. Y cuando teníamos ya un boquete considerable, una señora se acerca y nos dice que en nuestra zona no hay aguas termales, que hagamos el hoyo donde la arena está caliente.

Haciendo el hoyo inútil, tirando de riñones

Vuelta a empezar, hacemos otro agujero, ¡el agua arde! Si metías el pie, en milésimas de segundo llegaba a tu cerebro una señal diciendo que lo saques de ahí ahora mismo si no quieres abrasártelo.

Y en un ataque de ingeniería, ideamos el plan perfecto: hacer un agujero de agua fría y unirlo al agujero de agua hirviendo. Al final nos quedó una piscinita a una temperatura estupenda, éramos la envidia de todos los turistas. Primero nos metíamos en las gélidas aguas del Pacífico, y cuando no sentías las piernas, carrera a nuestro jacuzzi particular, donde nos esperaba la gloria.

Guada tumbado como un señor


Echamos unas dos horas sumergidos en el agua, sólo nos faltaba un cóctel con una sombrillita. Al salir, el Arbi y yo nos dimos un baño de 10 minutos en el mar para quitarnos la arena, y por momentos creíamos que nos moríamos del frío, pero al final resultó ser uno de los mejores baños de nuestra vida, nos quedamos nuevos.

De ahí fuimos a Whitianga, un pueblo costero y de pescadores, en el cual comimos, vimos a un anciano moribundo como copiloto de unos perroflautas (creemos que estaba muerto y le paseaban para seguir cobrando su pensión), y bueno, entramos al baño y vimos esto:



Desconocemos la criatura que pudo hacer semejante monstruosidad o si sobrevivió a tal esfuerzo, pero nos amargó la digestión del pollo al estilo KFC.

Y la tarde acabó viendo costas y acantilados, mención especial para la Playa de Otama, una auténtica pasada.

Playa de Otama, con el inicio del arcoiris, donde se encuentra el tesoro

Teníamos que hacer noche en Auckland, así que partimos a una hora prudencial pasando por carreteras entre montañas con unas pendientes vertiginosas, unos paisajes de película, mejor ver este vídeo:


Y entre conversaciones de amigos y buena música (las emisoras neozelandesas son la leche) llegamos a nuestro apartamento y aparcamos el coche dando el día por finalizado. Nada más lejos de la realidad, aquí teneís el diálogo de los hechos:

(Sonido de grúa en la calle)

ARBI: - Mira, una grúa, ¿os imagináis que se está llevando nuestro coche?

(Se acerca el Arbi a la ventana)

ARBI: - ¡COÑO! ¡Nuestro coche!

Y salió corriendo a la velocidad de la luz hacia la calle. Nuestro coche estaba a 30° con respecto al suelo levantado por una grúa. La broma nos salió por 100 dólares neozelandeses, al menos nos bajó el coche al suelo y pudimos devolverlo a tiempo.

Andrea, nuestra corresponsal en Auckland, fotografió el momento:



Ahora sí que acabó el día, al día siguiente nos esperaba otra vez la rutina de Auckland, pero eso ya os lo contará otro superviviente.

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