Espero estar lo bastante inspirado para hacer una
entrada a la altura del día vivimos, el último antes de empezar el carrusel de
aviones. Nos levantamos en el albergue de Te Anau bastante descansados,
habíamos dormido un montón de horas y los cuerpos lo notaban. El plan del día
como ya sabéis era ir al archiconocido Milford Sound, el primer destino
turístico del país, y como queríamos acudir en coche propio teníamos que salir
pronto por si la carretera estaba nevada, por eso alquilamos las cadenas días
atrás.
Nos despedimos del keniata futbolero y repostamos gasolina
antes de empezar el camino. Como íbamos un poco pillados de tiempo en el caso
de que la carretera estuviese en malas condiciones, no pudimos investigar donde
estaba el Super para comprar unos batidos para desayunar, a pesar de lo que le
gustan a Guada. Tan mal nos vimos de tiempo que fuimos desayunando en el coche
mientras nos dirigíamos hacia el destino.
Hago un punto y aparte para hablar de la carretera a Milford
Sound. Empieza como una carretera cualquiera de Nueva Zelanda, pero poco a poco
te vas adentrando en unos bosques superpoblados, rodeados por montañas nevadas
enormes con cataratas debido a las lluvias y el deshielo, dejando unos paisajes
impresionantes.
 |
| De película, ¿verdad? |
Nos paramos en un área de descanso para inmortalizar las
vistas, cuando de repente un loro enorme se posa en nuestro retrovisor con cara
de pocos amigos, y no se nos metió dentro del coche de milagro! En la guía de
Izaskun ponía que no se debe darles nuestra comida porque les sienta fatal,
pero se le veía tan hambriento que le dimos un trozo de pan, y en cuanto se lo
acabó vino a por más como si llevase meses sin probar bocado.
 |
| Nuestro amiguete | | |
|
|
Dejando al loro con algo más de comida, seguimos nuestro
camino y llegamos al puerto, zona crítica con el coche por las intensas nevadas
que se producen, pero tuvimos suerte y en el momento que pasamos el túnel no
estaba nevando. Eso sí, todas las montañas cubiertas por un manto blanco denso,
era uno de los pocos paisajes que nos quedaban por ver en este país, ninguno se
lo esperaba y estuvimos un buen rato callados mirando a través de los
cristales empañados.
 |
| Descenso del puerto, totalmente nevado |
Como no hubo ningún problema meteorológico, llegamos algo
menos de una hora antes al puerto en el que cogeríamos el crucero para ver el
fiordo, así que nos tomamos un chocolate riquísimo antes de embarcar.
Y qué decir de Milford Sound, todo lo que leí o visualicé meses antes
sobre este sitio se quedó escaso comparado con lo que sentimos atravesando las
aguas de este lugar, era nuestro último día de viaje y ya era muy difícil
sorprendernos con todo lo que habíamos visto antes, pero vaya si lo hizo.
 |
| Paisaje digno del Señor de los Anillos |
Contemplando el paisaje, de repente el capitán del barco nos dice que hay
delfines en la proa! Nos asomamos corriendo y pudimos ver esas magníficas criaturas
jugando con el surco que el barco iba formando, como en Titanic vaya,
la verdad que encontrártelos en libertad no
tiene precio.
Todavía con el subidón de los delfines en el cuerpo, por fin
pudimos ver unas focas petrificadas en las rocas de la costa, parecía que
estaban posando para las fotos del Arbi. Y
ya como colocón final, el barco nos metió debajo de una catarata enorme,
pudimos sentir su fuerza y nos empapamos con el spray de agua que se formaba.
Era tal el sonido del agua chocando contra el mar que prácticamente no nos
oíamos los unos a los otros.
 |
| Tomando la sombra |
 |
| Catarata de 100 metros |
Ya volviendo al embarcadero, una rubia muy maja que servía los cafés en el barco nos dijo que lo que habíamos visto días atrás eran wekas y no kiwi-birds. Procedo a aclarar que las entradas se hicieron en los mismos días que se describen, y por lo tanto la entrada del Arbi de aquel día había que dejarla intacta con el subidón que llevábamos encima por haber podido estar a un metro de un kiwi-bird, esa sensación no nos la puede quitar nadie.
El crucero se acabó y los tres amigos estábamos eufóricos, y
más aún sabiendo que nos había salido muy barato para lo que ese lugar
realmente valía. Así que deshicimos el camino anterior haciendo algunas paradas
para echar fotos, a destacar los Mirror Lakes, que reflejaban una cordillera
enorme en sus aguas. Una pena que el día estuviese algo oscuro, pero aún así se
apreciaba bastante el efecto espejo.
 |
| El Hobbit anda suelto |
Y como teníamos tiempo, hicimos todo el
camino hasta Queenstown, casi cinco horas que se hicieron muy agusto pues
hacíamos paradas cada poco tiempo. A mitad del camino, el Arbi paró en un
chapado para echar gasolina, que la verdad parecía de todo menos una
gasolinera, con un dependiente gordísimo. Con este sitio tan peculiar
nos echamos unas risas durante todo el camino
que quedaba.También hicimos una parada en el I-SITE de Te Anau para reservar el albergue de esa noche, un albergue demasiado barato...
 |
| El famoso "chapao", la gasolina más barata de la Isla del Sur según el Arbi |
Llegamos a Queenstown ya prácticamente a oscuras, pero era
nuestra última noche en la Isla del Sur así que qué demonios, nos fuimos a
zampar otras Fergburguers (Guada tuvo que declinar la hamburguesa para
complacer al restaurante de su tío) y acabamos la noche echando unas cervezas
en la orilla del lago, con las vistas nocturnas del pueblo, de película. En
este momento nos pusimos nostálgicos viendo que ya se acababa todo, e hicimos
un vídeo que quedará para siempre en la memoria de los tres aventureros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario